175-Oscar Wilde

EL ARTISTA
Ardió su alma, una noche, el deseo vehemente
de perpetuar tu imagen, placer que solamente
por un instante duras, y fuese por el mundo
a conseguir el bronce para sus esculturas.
Y era el bronce la única obsesión de su mente.
Más en el mundo había desaparecido el bronce:
en la extensión del mundo se erguía únicamente
el bronce de una estatua:
la del dolor que dura eternamente.
Esa estatua, obra suya, púsola con sus manos,
en días ya lejanos,
en la tumba del único ser que adoró en la vida…
En la tumba desierta de la muerta criatura
que amara con pasión enloquecida
levantó la figura dolorida
como alma de su alma, como eterna señal
del amor de los hombres que perdura
y como vivo símbolo
del dolor de los hombres que para siempre dura.
Y en la extensión del mundo
no había ya más bronce
que el de aquella escultura.
Arrancóla el artista del sarcófago, y luego,
sobre la enorme boca de un horno incandescente,
viola fundirse al ósculo devorador del fuego.
Y con el bronce mudo
del dolor que perdura eternamente
modeló de otra estatua la figura:
la estatua del placer que solo dura
un instante.
Oscar Wilde

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