474-Enrique Redel Aguilar

A UN VIAJERO CORDOBÉS
¡El cielo te proteja en tu viaje
y haga que tornes a mirar del Betis
el tranquilo oleaje,
y la imagen del Ángel soberano
que en el puente romano
relumbra entre farolas
y apacigua la furia de las olas!
¡Quién, como tú, pudiera
ver las ciudades prósperas del mundo
y volver al fecundo
vergel en donde vio la luz primera!
Yo sé que en mí son vanas ilusiones;
mas pienso, a veces, en saciar el ansia
de admirar las más célebres naciones.
Quisiera ver los campos de la Grecia
y en góndolas cual blancas gavïotas
surcar los verdes lagos de Venecia.
Ante columnas rotas
y estatuas ya volcadas,
casi entre verdes hierbas sepultadas,
quisiera meditar en las ruinas
de Atenas, y en la corte prepotente
de las siete colinas
a la sombra dormir de las arcadas
de carcomida piedra
con guirnaldas de yedra
y el arrullo de alegres golondrinas.
Visitar anhelara los lugares
santos, y en sus caminos
ver a los peregrinos
con cayados y conchas de los mares.
Cruzar los arenales de Judea
bajo un sol que caldea
y ver trotar por ellos
con sus pesadas cargas los camellos.
¡Oh quién como las águilas se alzara
sobre los altos montes
y en el viento meciéndose mirara
de la tierra los anchos horizontes!
¡Yo, como tú, quisiera
ver las ciudades prósperas del mundo
y volver a morir en el fecundo
vergel en donde vi la luz primera!
Enrique Redel Aguilar

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