778-Gabriel García Tassara

HIMNO AL MESÍAS
Baja otra vez al mundo,
¡bajo otra vez, Mesías!
De nuevo son los días
de tu alta vocación:
y en su dolor profundo
la humanidad entera
el nuevo oriente espera
de un sol de redención.
Corrieron veinte edades
desde el supremo día
en esa cruz te veía
morir Jerusalén,
y nuevas tempestades
surgieron y bramaron,
de aquellas que asolaron
el primitivo Edén.
De aquellas que le ocultan
al hombre su camino
con ciego torbellino
de culpa y expiación;
de aquellas que sepultan
en hondos cautiverios
cadáveres de imperios
que fueron y no son.
Sereno está en la esfera
el sol del firmamento;
la tierra en su cimiento
inconmovible está;
la blanca primavera
con su gentil abrazo
fecunda el gran regazo
que flor y fruto da.
Mas, ¡ay!, que de las almas
el sol yace eclipsando;
mas, ¡ay! que ha vacilado
el polo de la fe;
mas, ¡ay!, que ya tus palmas
se vuelven al desierto:
no crecen, no, en el huerto
del que tu pueblo fue.
Tiniebla es ya la Europa:
ella agotó la ciencia,
maldijo su creencia,
se apacentó con hiel;
y rota ya la copa
en que su fe bebía,
se alzaba y te decía:
“¡Señor!, yo soy Luzbel”
Mas, ¡ay!, que contra el cielo
no tiene el hombre rayo,
y en súbito desmayo
cayó de ayer a hoy;
y en son de desconsuelo,
y en llanto de impotencia,
hoy clama en tu presencia:
“Señor, tu pueblo soy”.
No es, no, la Roma atea
que entre aras derrocadas
despide a carcajadas
los dioses que se van;
es la que, humilde rea,
baja a las catacumbas,
y palpa entre las tumbas
los tiempos que vendrán.

Todo, Señor, diciendo
está los grandes días
de luto y agonías,
de muerte y orfandad;
que, del pecado horrendo
envuelta en el sudario,
pasa por un Calvario
la ciega humanidad.

Baja ¡oh Señor! No en vano
siglos y siglos vuelan;
los siglos nos revelan
con misteriosa luz
el infinito arcano
y la virtud que encierra,
trono de cielo y tierra
tu sacrosanta cruz.

Toda la historia humana,
¡Señor!, está en tu nombre;
Tú fuiste Dios del hombre,
Dios de la humanidad
tu Sangre soberana
en su Calvario eterno;
tu triunfo del infierno
es su inmortalidad.

¿Quién dijo, Dios clemente,
que Tú no volverías,
y a horribles gemonías
y a eterna perdición,
condena a esta doliente
raza del ser humano
que espera de tu mano
su nueva salvación?

Sí, tu vendrás. Vencidos
serán con nuevo ejemplo
los que del santo templo
apartan a tu grey.
Vendrás y confundidos
caerán con los ateos
los nuevos fariseos
de la caduca ley.

¿Quién sabe si ahora mismo
entre alaridos tantos
de tus profetas santos
la voz no suena ya?
Ven, saca del abismo
a un pueblo moribundo;
Luzbel ha vuelto al mundo,
y Dios no volverá?

¡Señor!, en tus juicios
la comprensión se abisma;
mas es siempre la misma
del Gólgota la voz.
Fatídicos auspicios
resonarán en vano;
no es el destino humano
la humanidad sin Dios.

Ya pasarán los siglos

de la tremenda prueba;
¡Ya nacerás, luz nueva
de la futura edad!
Ya huiréis, ¡negros vestiglos
de los antiguos días!
Ya volverás, ¡Mesías!,
en gloria y majestad.

Gabriel García Tassara


LA PRIMAVERA

¡Oh campos!, ¡oh deleite!, ¡oh hermosura!
¡Oh rica aurora en rosicler y gualda!
¡Oh flores que en balsámica guirnalda
os derramáis por la feraz llanura!

¡Oh bosques de prolífica espesura
que de los montes recamáis la espalda!
¡Oh vivas auras que de falda en falda
la fragancia lleváis y la frescura!

¡Oh hermoso río que el genial tesoro
dilatas por la espléndida ribera,
fluctuante espejo del naciente día!

¡Oh claro cielo de amaranto y oro!
¡Oh mañana del año! ¡Oh primavera!
¡Oh alma esposa del sol! ¡Oh Andalucía!

Gabriel García Tassara

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