822-Miguel Agustín Príncipe

EL CUERVO, LA PALOMA Y LA NIEVE
Con afán el más protervo,
revolcábase agitado
en un monte muy nevado,
cierto negrísimo cuervo.
Una paloma, que leve
revolaba por allí,
preguntóle por qué así
se rastreaba en la nieve.
El dijo: “Por Belcebú,
que voy contigo a ser  franco:
quiero teñirme de blanco
y ser lo mismo que tú”.
Ella repuso: “Ya vi;
pero te engañas quizás,
pues negra la nieve harás
sin blanquearte ella a ti”.
Y así, en efecto, ocurrió;
pues la nieve a su contacto
dejó de serlo en el acto
y en agua se resolvió.
Y el agua mirada en suma
sobre la pluma del cuervo,
resultó… ¡dolor acerbo!
tan negra como su pluma.
Lo mismo, caro lector,
sucede siempre, a mi juicio,
si se roza con el vicio
de la inocencia el candor.
Miguel Agustín Príncipe

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