910-Rodolfo Caicedo

EPITAFIO
Tuvo arrebatos de león furioso
y ternuras de niño. Fue guerrero,
amó el templo, amó el libro, amó el acero,
fue sabio, fue cristiano, fue piadoso.
Tuvo perfume de vergel umbroso,
tuvo dureza de peñón severo
que impasible resiste el golpe fiero,
en mar sañudo, de huracán rabioso.
Hubo en él la poesía de una estrella
y el fuego de un volcán que hirviente asoma,
hubo en él esa cólera tan bella
que vence y ante el ruego se desploma;
fue cirio con fulgores de centella,
águila con dulzuras de paloma.
Rodolfo Caicedo

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